Entrevista
a José Miguel Desuárez y Mercedes Marcos Monfort, autores
de “LAS PLAZAS”
¿Cómo definiríais Las Plazas?
Las
plazas es una novela coral, donde una multitud de personajes pasa por
un lugar y sus aledaños: una plaza. La plaza es, en realidad,
el personaje central y el marco donde se abre un microcosmos, un pequeño
universo de historias y personajes que viven cerca de la plaza o alguna
vez estuvieron en ella. Pero lo que importa son las personas que transitan
por ella durante el día 21 de marzo de 2002, durante cuatro horas,
entre las 9.30 y las 13.30: los clientes del hotel Orión, los
habitantes de Kostiakú, las monjas magnolinas, el extravagante
director del museo, el detective ingenuo, la curandera despilfarradora,
el ambicioso del videojuego, etc…
La acción es ésa: ver pasar a la gente, como si el narrador
fuera una cámara de cine, con el fin de retratar el ambiente
milenario de una plaza. Igual que en la Rue del Percebe se radiografiaba,
viñeta a viñeta, la vida de los personajes que habitan
en un edificio, en Las plazas, el lector asiste a lo que acontece, acaeció
y sucederá en una plaza ficticia de Madrid.
¿Dicha plaza es real o imaginaria?
Nos hemos inspirado en varias plazas: la de España en Madrid,
las del Salvador, Nueva y Gavidia en Sevilla, la de Cataluña
en Barcelona, y otras. Pero la plaza de Felipe VIII, que es donde se
sitúa la novela, es imaginaria. Ya nos gustaría que existiera.
Después de 6 años de trabajo, de escritbir y reescribir,
le hemos cogido mucho cariño a la plaza y a los personajes que
aparecen.
¿Cómo surgió la idea?
La idea original de Las plazas viene de la primavera de 1998. Queríamos
escribir una novela de novelas, una conjunto de historias donde pudiéramos
dar rienda suelta a nuestra imaginación. Por eso, cada capítulo
es como una mini-novela donde se cuenta con mucha intensidad algo que
podía haber dado para un solo libro.
Por otro lado, desde el principio, tuvimos claro que queríamos
escribir la novela que nos gustaría leer. Salvando las distancias,
igual que hizo Cervantes, hemos querido hace una novela que rompa esa
barrera artificial que existe entre la literatura culta y la popular.
Nuestra novela se dirige tanto al crítico literario como al lector
de best-seller. Para el crítico, por contener una serie de guiños
literarios y artificios internos que la consolidan. Para el lector,
porque da pie a albergar historias contadas a un ritmo frenético,
con humor, intriga, una pizca de poesía y algo de crítica
social y política.
¿Cuáles
han sido vuestros referentes a la hora de Las Plazas?
Nos inspiraron novelas corales como Manhattan transfer o La Colmena.
Pero nuestro gran modelo ha sido La vida instrucciones de uso, de Georges
Perec. En esta obra, vimos claro que el autor había utilizado
una serie de reglas o constricciones que potenciaban la escritura de
la obra. Investigando, encontramos mucha información sobre el
Oulipo (Ouvroir de Littérature Potentielle, Taller de literatura
potencial, fundado en París, en 1960, por Raymond Queneau y François
le Lionnais) y también contactamos con Jesús Camarero
Arribas (profesor de francés en la Universidad del País
Vasco y escritor), uno de los mayores especialistas en Perec de España.
Camarero nos envió su tesis, sobre Georges Perec, titulada El
escritor total. Allí estaba todo lo que necesitábamos
saber, y luego, a medida que fuimos adoptando información sobre
el Oulipo, se confirmó nuestra idea de que estaría bien
escribir una novela parecida a la de Perec, al menos parecida en sus
reglas o constricciones.
¿Cuáles
son estas reglas?
Una de ellas es la poligrafía. Desde el principio, concebimos
la plaza como una maqueta dividida en 64 casillas o capítulos,
por los que hemos pasado siempre (sin fallar nunca) una sola vez, siguiendo
los movimientos del caballo de ajedrez (1, 2 y un salto hacia la izquierda
o la derecha), creando así una poligrafía que era la que
llevaba adelante la trama: el lector lee la novela siguiendo ese itinerario.
Luego hemos incluido varias tramas subyacentes, que hicieran que todo
fluyera más rápidamente, pero siempre siguiendo el hilo
marcado por la poligrafía.
¿Qué
otras reglas seguisteis aparte de la poligrafía?
Las listas de elementos. Para cada capítulo creamos una lista
de 32 elementos (animales, colores, elementos de la tabla periódica,
lugares, etc.), de los cuales había que utilizar, al menos, 24.
Luego esos elementos han dado lugar a muchas de las historias de la
novela. Otras veces solamente adornan a los personajes o les otorgan
cierto exotismo a las descripciones, pero ha sido maravilloso ver nacer
de una lista de palabras una historia que ni nosotros mismos sabíamos
que podía salir de ahí. También hay otras reglas
o constricciones: textos monovocálicos, calambures, etc…
¿Y
cómo se escribe una novela a cuatro manos?
Precisamente
gracias a estas reglas. Sin ellas, quizá no hubiera sido posible.
Al principio, la novela estaba dividida en cuatro tramos, y cada uno
escogió un número determinado de capítulos para
escribir. Total, sólo había que contar historias teniendo
como elemento común la plaza, sin necesidad de que existiera
una trama vertebrada y clara. En cada tramo pasaban 60 minutos de una
mañana del día 21 de marzo de 2002. Esta fecha coincide
con el nacimiento de nuestro primer hijo, Néstor.
Por otro lado, hay que decir que pocos matrimonios han escrito obras
juntos y han conseguido terminarlas. Debe haber una comunión
total, una fusión, una química natural. En nuestro caso
todavía hay más. El hecho de haber sido escrita a cuatro
manos hace que reúna todavía más variedad. Cada
uno escribió una serie de capítulos y ambos hemos participado
en la reescriutura, leyéndola varias veces en voz alta. A veces,
hasta se nos olvida quién ha escrito qué.
¿Seguís
escribiendo juntos?
Sí. Seguimos trabajando juntos en dos novelas. La primera se
titula Un reflejo en el laberinto; es breve y muy poética, una
nouvelle. La segunda, Hotel cielo, sigue el estilo de Las Plazas y sucede
en un hotel de Madrid, también inventado, que se ubica próximo
a la plaza de Felipe VIII. Quizás pueda surgir una saga novedosa,
quién sabe…